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¿Comemos mejor que nuestros abuelos?

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“El rico come, el pobre se alimenta”, Francisco de Quevedo

La alimentación ha marcado la vida y la muerte de muchas sociedades. Hoy nuestra forma de comer ha modificado su significado respecto a un pasado no tan lejano: han cambiado nuestros proveedores de alimentos, se ha modificado el consumo y también los patrones que rigen tanto nuestros hábitos como nuestras preferencias.

El nivel nutricional de las poblaciones está inevitablemente vinculado con los procesos socioeconómicos de cada país. En las sociedades bien abastecidas existe una diversidad de alimentos y calidades nunca vista con anterioridad. ¿Significa eso que comemos mejor que ayer?

Tendencias y hábitos alimenticios actuales

Como sabemos, el pan ha sido durante siglos un alimento básico. Sin embargo, en muchos lugares se ha ido reduciendo su consumo. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente de España, en los años sesenta se consumían 368 gramos de pan diarios, en los ochenta 206 gramos y en la actualidad no llegamos a 140 gramos de media.

Este dato podría explicar algo sobre varios fenómenos que se dan actualmente. Por un lado, las ciudades proveen a la población de alimentos más variopintos que nunca, por lo que el pan ha tenido competidores que han desplazado su protagonismo. Por otro lado, muchas personas han reducido su consumo de pan para no coger peso o perderlo. Las dietas para adelgazar o para depurar son un rasgo más de la alimentación actual.

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Fuente: pxhere

Los regímenes alimenticios son un conjunto de medidas dietéticas que persiguen determinados fines: estar más saludable, rendir más en un deporte o perder peso y volumen. Cuidarse es, hoy por hoy, más fácil que nunca escogiendo las herramientas necesarias. Sin embargo, existen resultados indeseables que ya tienen adjudicado un nombre: ortorexia o permarexia, entre otras. La primera se refiere a una obsesión por comer comida sana, sin colorantes, conservantes o grasas; la permarexia es una preocupación desmesurada por la dieta que puede llevar a la anorexia o la bulimia. Tanto una como otra derivan en una obsesión compulsiva a la hora de consumir y evitar alimentos o ingredientes en cada comida. Por ello, es conveniente tomarse las cosas con calma y tal como apunta la especialista en fitness Guliana Legorburu, recordar que adelgazar no es algo que pueda hacerse con prisa y que no hay un camino fácil para lograrlo.

La presión social y publicitaria tiene sus efectos nocivos en la alimentación y salud de muchas personas, sobre todo entre mujeres y jóvenes preocupados por el aspecto de su cuerpo. Según un estudio de la Academia Americana de Pediatría, los adolescentes cuyos padres se centran en comer sano y en la realización de ejercicio más que en el peso son menos propensos a padecer obesidad o algún trastorno alimenticio”.

Sin embargo, es natural que exista una preocupación por la comida sana. Los procesos industriales y la acción humana en general han impactado sobre un medio natural más deteriorado que nunca: el mar de hoy no es el de ayer, y los procesos industriales del sistema han devaluado la calidad de algunos alimentos. No es extraño que existan nuevas enfermedades crónicas asociadas a los hábitos alimenticios: enfermedades coronarias, obesidad, hipertensión o presión arterial elevada, algunos tipos de cáncer, diabetes, etc. La obesidad ha dejado de relacionarse con la abundancia típica de los más adinerados; ahora son más proclives a padecerla aquellas personas con pocos recursos y falta de tiempo para elaborar su propia comida.

La comida ecológica cada vez cuenta con mayor demanda, aunque también cuenta con sus detractores. La agricultura ecológica se caracteriza por mayor respeto al medio ambiente y la ausencia de químicos. Según comenta Luis Méndez, experto en este sector, “la sociedad en general se preocupa más de lo que come y, sobre todo, empieza a mirar también cómo se producen esos alimentos. Existe una preocupación por el medio ambiente que no existía hace unos años, y todo lo que ayude a protegerlo produce empatía… Formas de producir más respetuosas con éste se verán favorecidas… la sociedad de estos países va a seguir demandando este tipo de productos. En Europa se está fomentando este tipo de ayuda desde las instituciones, por lo que la tendencia será al alza.”

Por otro lado, algunos estilos de alimentación como el fastfood se encuentran totalmente implantados en muchas sociedades. Si bien es cierto que ya existía algo parecido a la comida rápida a principios del siglo XX, ahora se consume de forma más o menos generalizada para ahorrar tiempo, e incluso por puro placer y costumbre.

Actualmente existen cuestiones aceptadas a nivel mundial a cerca de la alimentación. Una de ellas es la premisa de que incluir en la alimentación verduras y frutas forma parte de una dieta saludable. Las fórmulas vegetarianas y veganas han conquistado muchos estómagos, disponiendo de platos tan saludables como deliciosos. Según la Asociación Americana de Diabetes (ADA) “(…) las dietas vegetarianas y veganas son saludables, nutricionalmente adecuadas y pueden proporcionar beneficios para la salud en la prevención y en el tratamiento de ciertas enfermedades. Son apropiadas para todas las etapas del ciclo vital, incluido el embarazo, la lactancia, la infancia y la adolescencia.”

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Fuente: pxhere

Todos estos fenómenos asociados a la alimentación son respuestas a los ritmos marcados por nuestro presente y sus dinámicas. Los supermercados están llenos de productos procesados, con demasiadas calorías, azúcares y grasas nocivas para la salud. Esto es especialmente acuciante en el caso de los platos precocinados, que contienen a menudo grandes cantidades de azúcar y grasas trans.

Llegados a este punto muchos se preguntan si recuperaremos algún día la comida casera, el sabor y las propiedades de algunos alimentos. ¿Podremos disfrutar de productos 100% saludables en todos los puntos de venta? ¿Volveremos a controlar lo que comemos?

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